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Genesis 18:3-5
(Abrán se dió cuenta de la llegada de tres hombres
y se levantó para saludarlos). "Caballeros", dijo,
no continúen su camino. Deténganse en momento para reposarse
aquí a la sombra de este árbol mientras yo les traigo
agua para refrescar sus pies y algo para comer y tener más
fortaleza. Quédense un momento antes de continuar su trayecto".
Hoy más que nunca existe en el mundo gente que se ha decidido
andar por su sendero, gente que tiene que hacer frente al desafío
de sobrevivir en un ambiente que raramente se da cuenta de su existencia.
El camino desde su país de origen es extremadamente peligroso,
a pesar de ello, estos seres humanos lo emprenden con la esperanza
de mejorar la calidad de su vida y es precisamente esta esperanza
que les dona la fuerza de perseverar. Sin patria, sin documentos y
con escasos recursos económicos, cuando existen, las oportunidades
de crearse una vida rica de satisfacciones no son fácilmente
disponibles. La vida se transforma entonces en una pesadilla y ellos
sobreviven al límite de la existencia.
El Centro para Refugiados Joel Nafuma localizado en la cripta de
San Pablo dentro los Muros, es el único centro abierto durante el
día aquí en la ciudad de Roma. Este centro representa un oasis,
un puerto de paz donde los refugiados pueden pedir asesoramiento
y ayuda, pasar el tiempo con gente del mismo idioma y cultura, informarse
sobre los últimos acontecimientos en el mundo, aprender inglés,
italiano, computación y otras capacitaciones básicas que les permitirán
una mejor integración en Europa.
Hace más de veinte años, el entonces Rector de San Pablo, Reverendo
Wilbur Woodhams, invitó a un joven sacerdote ugandés, él mismo un
refugiado, a abrir un ministerio para tantos africanos que entonces
se encontraban en Roma, víctimas de revoluciones, persecuciones
y agitaciones socio-políticas en su propia patria. El Centro Joel
Nafuma para refugiados fue bendecido y reconfirmado nuevamente en
1995, como ministerio ampliado y con nuevas obligaciones en presencia
del Obispo Rowthorn, el Rev. Joel Nafuma y los representantes de
las varias comunidades ecuménicas e internacionales de Roma.
Al
momento el centro está completamente dirigido por voluntarios que
proceden de experiencias diferentes en la vida y de varios ambientes
ecuménicos, bajo la dirección del Rev. Michael Vono, Rector de San
Pablo dentro los Muros, Aktaban 'Tuana Abdulla', Coordinador de
los Servicios para los Refugiados, la Hermana Emy, una monja católica
perteneciente a las Hermanas de Sion y el fraile Peter (el Rev.
Peter J. Bones, de los Padres Sacramentinos), que se ocupa del ministerio
de los jóvenes originarios de Europa Oriental. De vez en cuando,
vienen del exterior grupos de jóvenes que ofrecen sus servicios
al centro, con la enseñanza o simplemente con el deseo de comunicar
con los refugiados.
Entre el sinnúmero de servicios que regularmente se ofrecen en
el Centro a los casi ciento cincuenta huéspedes diarios se incluye
la distribución de vestuario, el té con galletas matutino, la biblioteca,
la televisión con satélite y la posibilidad de ver películas todos
los días, el ajedrez y el ping-pong, la orientación a la asistencia
legal y médica y el asesoramiento pastoral y el de la integración.
Sin excluir la presencia del peluquero que ofrece su servicios.
Uno de los refugiados, Victor Al-Harmazi, un artista profesional
ha creado un mural a la entrada del centro que los representa en
su búsqueda de libertad. Goran Hemen Mohamed, recientemente ha terminado
un segundo mural.
Durante los últimos años el United Thank Offering and Episcopal
Relief and Development (anteriormente llamado Presiding Bishop's
Fund for World Relief) ha contribuido con donaciones para el mantenimiento
del JNRC. Tales contribuciones han permitido que el trabajo en el
centro siguiera su curso y se subsidiara la cocina y baños nuevos.
Cuando se llega al centro por la mañana, se percibe cuánto los
refugiados necesitan de la presencia y la buena voluntad de los
demás. Tienen tanta necesidad de atención y del amor de Dios que,
según Jeff Lorch, uno de los voluntarios, es tan visible. La gentileza
y cualquier gesto aún el más pequeño colman el vacío de sus corazones.
Entrar diariamente en contacto con estos refugiados es igual a tener
una experiencia nueva y única con Dios y cada día el entendimiento
del amor de Dios se hace más completo. Cada uno de nosotros tiene
que estar constantemente preparado para ofrecer su propia ayuda
de manera que ellos puedan satisfacer, al menos en parte, sus necesidades
ya que sin conocer el idioma y el ambiente no poseen la información
y los instrumentos para continuar a luchar....La cosa más importante
es, una vez más, entregarse con el corazón y el alma a ellos. Hoy
en día así como va el mundo, el gesto más generoso es darnos en
manera total a aquellos seres humanos que más nos necesitan.
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