Andrea
me ha llamado esta mañana. Me ha pedido que escriba para la
página web sobre mis esculturas colocadas en el jardín
de la iglesia. Yo no quiero hacerlo. Mi opinión es que la gente
sólo debería mirarlas. Pero, según Andrea, "si
usted no les informa, ellos no sabrán que pueden subir y tomar
asiento en las sillas de forma de monstruo". Es
verdad, y espero que gente se de cuenta que mis obras se pueden tocar
y no sólo mirar; pero espero que perciban esto directamente
de la escultura sin que se les diga. Una obra de arte es por si misma
un instrumento de comunicación. Por lo que si se la debería
explicar significaría que no se ha percibido el mensaje. Mis
esculturas representan una forma de protesta, menor y pacífica,
contra la dominación de la palabra en la comunicación
moderna.
Mis esculturas, cuando estoy modelándolas, o no tienen título
o tienen muchos títulos que circulan confusamente en mi cerebro,
variando en la medida en que varía la escultura. Muchas veces
cuando inicio una obra no tengo ninguna idea específica.
Puede tratarse sólo del impulso de esculpir en una parte
de un bloque de piedra informe. Después, la variación
aportada al bloque me sugiere otra y otra más. De tal manera
que empiezo a percibir la forma de la escultura en su estadio final
y procedo según tal inspiración. Aún después
de su terminación, lo que significa que ha sido transportada
afuera de mi estudio, no estoy casi nunca convencido que sea ésta
sea correcta o que ya esté terminada y cada vez que la miro
me sugiere un nombre diferente. ¿Cuándo Dios creó
el leviatán, tenía una clara idea de lo que estaba
creando o sólo lo hizo por el gusto de hacerlo? ¿O
en el curso del proceso creativo se desarrollaron ideas de cómo
debía completarse?
Mis
esculturas hablan de la piedra, de los árboles, de la gente
y de la fantasía. El material con el que trabajo es parte
del proceso. Un árbol de mármol es diferente de un
árbol de bronce, en parte porque mi cerebro reacciona de
manera diferente a las sensaciones transmitidas por el material
en mis manos. El mármol no es material idóneo para
crear monstruos ya que continuamente trasmite nuevas formas abstractas,
pero la piedra caliza o el mármol "peperino" sugieren
siempre creaturas nuevas y fantásticas que parece que siempre
intentan materializarse. La arcilla es sólida y de forma
redonda mientras la cera que se utiliza para crear obras de bronce
es de escaso espesor y se extiende dando inspiración a figuras
que parecen volar. No se si estas sensaciones correspondan o no
a la verdad, seguramente son verdaderas para mí.
Me fascina la manera en la que un material como el mármol,
que no es para nada semejante al árbol o al ser humano, pueden
ser esculpidos de manera que adquieren forma de árbol o forma
humana sin por eso perder su naturaleza de mármol. Un hábil
escultor logró que el mármol asumiera el aspecto de
un árbol o de una mujer sin que perdiera su esencia mineral.
Por lo tanto logró manifestar en el mismo trabajo tanto la
naturaleza del árbol que de la naturaleza humana así
como aquella del mármol.
Un elemento fundamental de las artes visuales es que ellas comunican
sensaciones que no pueden ser transmitidas por medio de la palabra
escrita. Esta es la razón por la cual necesitamos la presencia
del arte en nuestras iglesias, en cuanto nos recuerda que nuestra
experiencia de Dios, nuestros sentimientos hacia el infinito, superan
nuestra capacidad de describirlos de manera racional. Mi propia
arte sirve a recordar que Dios creó el Leviatán "por
el gusto de hacerlo".
Peter
Rockwell
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