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Los mosaicos realizados por Edward Coley Burne-Jones (1833-1898)
y colocados en el ábside y en el coro constituyen la gloria
de San Pablo y su valor artístico ha sido ampliamente reconocido
tanto es así que esta iglesia ha sido designada Monumento
Nacional por el Gobierno Italiano.
Burne-Jones, en 1881 se refería a ellos de la siguiente
manera: "me ocupé de mi mosaico romano como una tarea
importante aunque ingrata visto que nadie demuestra interés
alguno por él, pero yo lo he hecho como reminiscencia di
tantos amores vividos en mi experiencia de artista, como el amor
por Venecia y por Florencia, los siete impenetrables países
que se encuentran entre ellos, por la virtud de muchos estudios
antiguos y tantas otras cosas que yo aprecio, como el Talmud y Santo
Tomás de Aquino y un sinfín de otras cosas".
La señora Burne-Jones escribía en sus memorias que
su marido Edward era capaz de trabajar en sus diseños incluso
los domingos.
La Anunciación
En la parte externa del primer arco, de frente del ábside,
se encuentra representada la Anunciación según una
antigua leyenda. Allí se ve a María en el desierto
al exterior de los muros ciudadanos mientras extrae el agua de una
fuente. Al dirigirse hacia su la casa, un ángel le saluda.
Burne-Jones decidió de representar esta escena en el momento
antes del ocaso cuando el cielo el cielo se tiñe de rojo,
el momento del ángelus. En el ángulo inferior izquierdo,
se ve un pelicano, que durante el medioevo era el símbolo
de Cristo ya que según una creencia popular este pájaro
suele desgarrarse el pecho con su pico para alimentar a sus crías
hambrientas. Debajo de esta escena están escritas las palabras
de Gabriel "Gloria a ti que tienes el favor de Dios, Dios
está contigo" (Lucas 1:28) y la respuesta de María
"Aquí está la esclava del Señor el
cual está cerca de mí conforme a su palabra."
(Lucas 1:38).
El árbol del Perdón
En el segundo arco más arriba del coro, Burne-Jones representó
el árbol del perdón. Cristo, con las manos vigorosamente
extendidas, se encuentra suspendido delante del árbol verde
de la sabiduría del bien y del mal. A un lado está
Adán y al otro Eva con su primogénito. Los cardos
de los cuales brotan los lirios simbolizan la dureza del trabajo
humano que dan lugar a sus divinas posibilidades y que se concretizan
en la historia de la anunciación. Debajo de esta figura se
encuentra la frase escrita en latino "En el mundo tu estás
para sufrir, pero debes mantener tu fortaleza visto que yo he vencido
al mundo". (Lucas 1:38)
Cristo
en la Gloria
El gran mosaico en la parte posterior del ábside representa
Cristo el Señor en la Gloria. En la parte superior, en contraste
con el azul del cielo se entrevé una lúcida visión
de los Ángeles. Debajo en su trono se encuentra Jesucristo
rodeado por querubines y serafines. Él tiene en su mano izquierda
el globo terrestre mientras su mano derecha se levanta con el gesto
de la bendición. De sus pies fluyen las aguas de la vida
y el trono "esta circundado por un arco iris" (Revelación
4). En ambos lados de Cristo se despliegan los arcángeles,
cada uno de ellos, den frente a las puertas del paraíso.
Una de ellas, a la derecha de Cristo está vacía, lo
que nos recuerda de la caída de Lucifer del paraíso.
Debajo de esta representación majestuosa se despliega el
firmamento, en el que se lee la inscripción en hebreo: "Al
principio Dios creó el cielo y la tierra". (Génesis
1:1) y en griego: "Al principio Dios fue la palabra
y la palabra estaba con Dios". (John 1:1). Más abajo
se encuentran numerosos ángeles graciosos que separan el
cielo de la tierra y en el margen inferior se halla el Triunfo de
la Iglesia.
La Iglesia en la Tierra
Hacia el fondo de la Ciudad Eterna, se encuentra un grupo de cinco
personas que representan las varias clases o funciones que durante
la historia han constituido la Cristiandad. En la parte extrema
izquierda se ven los ascetas, los profetas en la vida de la Iglesia.
De estos, sólo se puede reconocer claramente a San Francisco
con sus estigmas. A su lado un grupo de matronas que representan
el servicio de Dios en la vida común. Se reconocen a Martha
con sus llaves y a María Magdalena con su cajita de ungüentos.
El grupo mayor en el centro representa las grandes figuras eclesiásticas
del pasado de la Iglesia, con cinco padres de la iglesia oriental
y cinco de la occidental, con al frente San Pablo vestido con una
casulla (en su tiempo un tipo de abrigo que suele usarse hoy en
la iglesia católica durante la celebración de la sagrada
comunión).
A
la derecha de este grupo se encuentran la Virgen y los Santos, entre
ellos los mártires Santa Catalina, Santa Bárbara,
Santa Cecilia, Santa Dorotea y Santa Inés. Por fin, a la
derecha, se ven los guerreros de la fe que representan los baluartes
de la paz y de la estabilidad. Estos son santos de varios países
como San Jorge de Inglaterra, San Jaime de España, San Patricio
de Irlanda, San Andrés de Escocia y San Denis de Francia.
La parte inferior resulta particularmente interesante
ya que el artista, en conformidad con la tradición del Renacimiento,
emplea retratos de personas de su tiempo para representar a las
figuras deseadas. Por ejemplo, San Ambrosio que está situado
en la parte extrema del cuadro central está diseñado
con la cara de J.P. Morgan, quién de alguna manera, ofreció
su contribución para la construcción de la iglesia.
A su vez, San Agustín, a la derecha de San Pablo tiene el
rostro del Arzobispo Tait, Arzobispo de Canterbury. Entre los guerreros
se puede individuar el General Grant (en el 1873 Presidente de los
Estados Unidos), el General Garibaldi y con un casaca verde, Abraham
Lincoln.
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