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  • MEDITACION DEL DOMINGO 30 DE JULIO DEL 2017


    MEDITACION DEL DOMINGO 30 DE JULIO DEL 2017
    La palabra de Dios hoy nos habla del Reino. Las parábolas que hemos escuchado nos dicen cuál debe ser nuestra verdadera escala de valores en nuestra condición de bautizados por ende en calidad de discípulos. El centro de este Reino es la historia humana, pero vistas y entendidas en colaboración y en la grata compañía de Dios.
    ¿Qué nos quiere decir Jesús con las parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa? Nos quiere decir que ha llegado la hora decisiva de la historia. El tesoro escondido, la perla preciosa, no es otra cosa que el mismo Jesús. Con estas parábolas Jesús nos dice que la salvación nos ha llegado a cada uno de nosotros gratuitamente, por pura iniciativa de Dios. Lo que tenemos que hacer es, tomar la decisión, aferrarla, no la dejarla escapar.
    En cada uno de nosotros, en la vida de cada uno hay un tesoro escondido. El Reino de Dios está en ti, en mi y a pesar de las dificultades del maligno, tales como el materialismo, el ansia de poder, el egoísmo, el relativismo moral, la llama de la esperanza de días mejores siempre está encendida .
    Hoy Jesús nos dice que poseer al Reino es lo más grande que nos puede ocurrir, como aquél que encuentra un tesoro en el campo y vende todo para comprar el campo, o el comerciante de perlas preciosas que encuentra una perla de grande valor y vende todo lo que tiene para conseguirla. Pero muchas veces no nos damos cuenta de que el tesoro, Jesús, está muy cerca de nosotros, el está con nosotros cada momento de nuestra vida.

    En nuestro ser interior habita la verdad, dentro de nosotros está la verdadera felicidad y muchas de la veces no somos en grado de darnos cuenta, cuantas veces rechazamos esta verdad, cuantas veces rechazamos la verdadera felicidad y seguimos siendo efímeros vendedores de felicidad, vamos atrás de cosas, las cuales no nos ayudan a descubrir en nosotros el nuevo Adán.
    Por tanto querido hermano y hermana, a la verdad no la busques fuera de ti, búscala en tu interior, pues en lo más íntimo de tu ser encontrarás la absoluta verdad que te llevará a la felicidad.
    Un buen programa para este verano sería el profundizar en nuestro interior para encontrarnos con nosotros mismos y con Dios. En las parábolas de Jesús el que encuentra el tesoro y la perla preciosa, venden todo y se quedan sólo con lo que de verdad merece la pena.
    Nuestro tesoro es el conocimiento de Dios. Cuando uno encuentra a Cristo opta por El, lo demás pasa a ser secundario, es capaz de renunciar a cualquier cosa por seguirle, porque el llena plenamente nuestro corazón. Y ahora pregúntate: ¿dónde está tu tesoro?, ¿has optado por Cristo?, ¿a qué estás dispuesto a renunciar por Cristo?
    Jesús dejó bien en claro que su Reino “no es de este mundo”, pero comienza aquí en este mundo, en este Reino el primero es el último, es decir el que sirve, no el que tiene el poder. Muchas veces quisieron hacer rey a Jesús, pero El lo rechazó porque había venido a servir y no a ser servido. Su mesianismo no es político ni espectacular, sino silencioso y humilde.

    Todos somos responsables de la transformación de este mundo. La consecuencia que se deriva del establecimiento del Reino en este mundo es que tenemos que trabajar para que haya unas condiciones de vida en las que reine la justicia, la paz y la fraternidad. Mientras esto no se consiga, no podemos estar contentos. No debemos huir del mundo, sino implicarnos en su transformación aquí y ahora, sin esperar a que llegue pasivamente el “Reino de los cielos”. Es decir, todos somos responsables de la construcción de la civilización del amor. Esta nueva civilización debe crecer y extenderse como el grano de mostaza y nosotros ser levadura que fermenta la masa de nuestro mundo.
    Al final de los tiempos, seremos juzgados por cuanto dimos e hicimos en la construcción del Reino. Dios demuestra que es paciente con todos, bueno y clemente, rico en misericordia. Su juicio será al final de la historia, dejando mientras tanto que convivan el trigo y la cizaña.
    Deja que crezcan juntos, pero al final separará a unos de otros. ¿En qué consistirá el juicio? Se nos examinará del amor, dice San Juan de la Cruz. Se nos juzgará de nuestro compromiso por el Reino. Los que no se comprometen a nada, por miedo o por pereza son los más culpables de todos. Quizá no hicieron nada malo, pero tampoco hicieron nada bueno cuando estaba en sus manos hacerlo.
    Preguntémonos: ¿Qué hacemos para construir la civilización del amor?, qué estamos haciendo para construir el Reino de Dios? Mirando en nuestra vida interior, tratemos de darnos una respuesta y seguramente mirándonos dentro la encontraremos. Así sea. AMEN!


     


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