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Sermones

  • SERMON DEL II DOMINGO DE ADVIENTO

    ii-adviento
    La liturgia de este II Domingo de Adviento gira alrededor de dos personajes, el profeta Isaías y Juan Bautista:
    Cada uno de ellos nos proporcionan elementos muy ricos en la preparación para celebrar el nacimiento de nuestro Salvador.
    El profeta Isaías nos ofrece un texto de hermosa factura literaria, con imágenes vívidas de gran impacto visual.
    Por el contrario, el texto que describe a Juan Bautista es austero, cortante, como fue este personaje que sirvió de puente entre el Antiguo Testamento y el cumplimiento de la promesa en el Nuevo Testamento.

    Por un lado el profeta Isaías:
    Describe al Mesías, descendiente de la casa de David: “Brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz”
    Con hermosas expresiones el profeta traza el perfil del Mesías, quien será un rey sabio y justo, con una particular sensibilidad hacia los pobres, cuyos derechos protegerá con particular interés.

    ¿Qué nos quiere decir el profeta Isaías a los hombres y mujeres del siglo XXI?
    Traduciendo a nuestro lenguaje y a nuestro contexto social, podemos afirmar que se trata del modelo de una sociedad incluyente, donde hay lugar para todos.
    Uno de los factores que más violencia genera es la intolerancia que excluye a determinados grupos de la sociedad en razón de su raza o de su religión o de sus opiniones políticas.
    Superando las radicalizaciones que se han agudizado entre nosotros como colectivo social, debemos educar para construir un país nuevo, incluyente, donde todos podamos vivir, trabajar y morir en paz. De ahí la importancia de no desanimarnos por los obstáculos que encontramos en el tortuoso camino de la paz, la justicia y la reconciliación.

    Es la única forma para que se hagan realidad, en un futuro no muy lejano, las hermosas metáforas del profeta Isaías. Trabajemos por la inclusión y desterremos todas las formas de exclusión.

    El segundo protagonista de la liturgia de hoy, Juan Bautista:
    Fue un líder comunitario de un movimiento de profunda raigambre popular. Su carisma y atractivo consistía en su carácter recio, insobornable, que no conocía el guante de seda de la diplomacia.
    Una sola palabra sintetiza el mensaje de su predicación: conversión. En la Biblia aparecen numerosas expresiones para explicar el alcance de esta palabra: se trata de favorecer un cambio interno y externo, un cambio de mentalidad y de actitudes, un redireccionamiento radical de la vida, que debe apuntar hacia el servicio de Dios y de los hermanos y hermanas.
    La condición esencial para este redireccionamiento radical de la vida es reconocerse, ante Dios y ante los demás, pecadores, frágiles y llenos de limites.
    Vale la pena señalar que la conversión es un proceso que abarca toda nuestra existencia. Nunca estaremos suficientemente convertidos, porque el amor jamás pone límites y por tanto jamás dice “hasta aquí llegué”, “ya hice todo lo que tenía que hacer”.
    El proyecto de vida de Juan Bautista fue preparar los caminos del Señor. Todo un trabajo pedagógico para que los contemporáneos pudieran abrirse a la figura y al mensaje de Jesús.
    Los padres de familia y educadores deberíamos dirigir nuestras miradas hacia Juan Bautista para asimilar su pedagogía. Debemos preparar el terreno para que los niños y los jóvenes vayan creciendo en autonomía, vayan tomando poco a poco las riendas de sus vidas, se dejen interpelar por la palabra de Dios y sean sensibles ante las necesidades de los más débiles.

    ¿Cuáles son las grandes enseñanzas que nos deja este personaje?
    Juan Bautista nos da una lección de austeridad a quienes vivimos en medio de esta sociedad de consumo. No se trata de imitar su forma de vestir ni de copiar su dieta austera. No. Pero sí debemos superar la esclavitud de la moda, el culto a las marcas. Podemos vivir con menos cosas y viajar por este mundo “ligeros de equipaje”.
    Juan Bautista nos da una lección de autenticidad al testimoniar en su vida diaria lo que proponía a los demás.
    Juan Bautista nos da una lección de superación al invitarnos a la conversión. No podemos sentirnos satisfechos con lo que somos ni con lo que hacemos. Dejemos atrás la mediocridad. Siempre es posible mejorar.
    Finalmente, Juan Bautista nos da una lección de discreción al rechazar todo posible protagonismo. No queramos ser el centro de las miradas, no pretendamos acaparar la atención. No queramos “robarnos el show” en las reuniones sociales. Juan tenía muy claro que el centro lo debía ocupar Jesús y que él debía pasar desapercibido.
    Las figuras y en los mensajes de estos dos personajes, el profeta Isaías y Juan Bautista, nos viene mostrado el orden nuevo que quiere construir el Mesías, orden nuevo que no es otra cosa que el proyecto de una sociedad incluyente en la que hay oportunidades para todos. Hoy el Señor nos invita a replantear radicalmente la orientación de nuestras vidas.
    Que este Adviento o tiempo de preparación sea la ocasión para hacer un alto en el camino y preguntarnos por el modelo de sociedad, por el modelo de comunidad que soñamos construir y sobretodo las transformaciones personales que buscamos. Pongamos en manos de Dios, todos nuestros sueños, anhelos, esperanzas y deseos que tenemos para este tiempo de gracia. Amen.


     


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