St. Paul's Within the Walls Episcopal Church

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Bearing witness in Rome to a dynamic and living Christian faith, open to all and rejecting none.

SERMON DE OCTUBRE 02 DEL 2016

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Señor, auméntanos la fe. La liturgia de la palabra en este domingo nos habla de la necesidad de la fe en nuestra relación con Dios. Pero ya los apóstoles sabían que no era fácil mantener siempre viva una fe operante y fuerte y le pedían anhelantemente al Señor que les aumentara la fe.
Queridos hermanos y hermanas, tener fe en Dios es fiarse, es confiar por completo en Dios y esto humanamente hablando, muchas de las veces es muy difícil, de aquí que sería muy importante que reflexionemos sobre el contenido de nuestra fe, cuando decimos que debemos fiarnos de Dios. ¿De qué Dios hablamos? Hablamos del Dios Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, no será que estamos hablando de un dios personal, de un dios hecho a nuestra medida.
Por poner sólo un ejemplo bastante clarificador y muy actual, podemos preguntarnos de qué Dios se fían los que, movidos por una fe mal entendida, son capaces de inmolarse ellos mismos, acecinando con su muerte a muchas personas inocentes. Los periódicos y medios de comunicación nos hablan con frecuencia de casos de terroristas suicidas, que dicen morir y matar en nombre de un Dios, y sin embargo, los buenos creyentes, musulmanes, cristiano o hebreos que sean, saben perfectamente que Dios es clemente y misericordioso, saben que Dios no quiere la muerte de nadie ni menos de personas inocentes.
Nosotros creemos y nos fiamos del Dios de nuestro Señor Jesucristo; por eso, cuando nosotros le pedimos al Señor que nos aumente la fe, debemos de pedirle al mismo tiempo que purifique nuestra fe y nuestra confianza en el Dios de Jesucristo.
Así nuestra fe cristiana terminará siendo un verdadero encuentro e identificación con el Dios de Jesús.
Las preguntas que repetidamente se hacen los profetas y salmistas hoy más que nunca suenan muy actuales: ¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Porqué me haces ver tanta injusticia, tanto hambre, tanto mal y maldad? Son preguntas que hoy gritan y piden respuesta, mirando la triste y preocupante situación social y moral de muchas personas y pueblos de la tierra. Sin pensar siquiera que todo esto es fruto del mismo egoísmo del ser humano.
Pero los tiempos de Dios no son nuestros tiempos y al final, la fe del justo triunfará sobre la hinchazón y arrogancia del injusto. Entre tanto, hagamos nosotros todo lo que podemos y sabemos hacer por el bien y la justicia y confiemos en que Dios, al final, impondrá su verdadera justicia sobre la tierra, donde a cada uno dará lo que se merece.
Queridos y queridas en Cristo, Dios no nos ha dado un espíritu de cobardes, un espíritu de mediocres, Dios nos ha dado un espíritu de valientes, nos ha dado su Espíritu de amor y buen juicio. El ejemplo de san Pablo prisionero y a punto de ser ejecutado puede y debe ser un ejemplo para nosotros, cuando experimentemos momentos de dificultad y angustia ante los sufrimientos personales y sociales.
Pidámosle hoy también nosotros: Enséñanos a orar, enséñanos a levantar nuestros ojos al cielo y que tu mirada y la nuestra se encuentren para que cuando nuestro corazón pesado, triste y desolado, encuentren en Ti conforto.
La fe, es la virtud que nos hace ver la vida de una forma distinta a como aparece a primera vista, la fe es una luz que nos hace sonreír ante la dificultad, que nos da la paz y la calma en medio del dolor y el sufrimiento.
La fe de la cual nos habla la Sagrada Escritura, es una fe viva, una fe auténtica, confirmada por una vida coherente. De aquí que, los limpios de corazón verán a Dios.
Pidamos hoy al Señor, aumenta nuestra fe, confiados que quien cree, es capaz de los más grandes prodigios, quien cree es capaz de las más grandes hazañas, no temerá a nada ni a nadie, verá las cosas con una luz distinta, vivirá siempre sereno y esperanzado.
Vivir con fe es descubrir a Dios como compañero de vida, como compañero de viaje, que nos ayuda a confiar en que las cosas pueden ser mejores y a poner todo nuestro empeño para que esto sea realidad.
La fe se hace viva y se transforma en Eucaristía en el momento en el cual compartimos nuestra fe, en este momento se trasforma en encuentro comunitario. El pan y el vino compartidos y repartidos es el mismo Cristo que viene a nuestro encuentro para aumentar nuestra fe, para poder ver a Dios en cada momento de nuestra vida, para seguir viendo a Dios en cada paso de damos.
Por último, la fe tiene que llevarnos a un compromiso, esto es a ser levadura y sal para el mundo, para la sociedad, para nuestra comunidad y así juntos crecer en justicia, amor y paz. AMEN!!!


 

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