St. Paul's Within the Walls Episcopal Church

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MEDITACION DEL DOMINDO 26 DE JUNIO DEL 2016

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El profeta Elías pone su manto sobre Eliseo para significar que le transfiere la misión profética. Nosotros hemos recibido en el Bautismo la consagración con el Santo Crisma, que nos compromete a ser auténticos testigos de Jesús y profetas de la liberación y la esperanza. En la Confirmación recibimos por la imposición de manos la fuerza del Espíritu, que nos trasforma y nos envía a anunciar el Evangelio
San Pablo, en la carta a los Gálatas, nos dice que el auténtico y recto ejercicio de la libertad acontece en el mutuo servicio del amor. Libertad es ponerse a disposición de Dios. Por tanto los deseos de la carne, es decir, el egoísmo, el servirse a sí mismo, llevan a morderse y devorarse mutuamente; llevan a la misma destrucción, a la que conduce el vivir esclavo de las cosas que gobiernan este mundo. El filósofo Hobbes dijo que el hombre se ha convertido en lobo del mismo hombre, “homo homini lupus”. En cambio, el amor auténtico es liberación del propio yo y se desarrolla sirviendo a los demás. ¿Cómo perseverar en la libertad del amor?: con la guía y la fuerza del Espíritu. Este se impone frente a la carne solo cuando nos abrimos a él y nos decidimos por él. Es entonces cuando dejamos de estar bajo el dominio de este mundo y empezamos a ser libres. El creyente realmente libre es el que se considera amigo de Cristo: soy de Cristo y estoy al servicio de mis hermanos. De ahí nace la verdadera alegría y la verdadera paz.
La radicalidad del seguimiento de Jesús. Es delineado en la lectura del evangelio que hoy hemos escuchado. Se acerca un escriba que pide ser admitido entre sus seguidores. Es hermosa su disponibilidad. Quiere seguir a Jesús a todas partes. Jesús no le dice ni sí ni no, solamente muestra lo que le espera al que quiere seguir a Jesús. Porque llegar a ser discípulo de Jesús no solamente significa ir a su escuela para “aprender” algo. Sobre todo significa compartir la vida propia de Jesús.
Después del escriba, se acerca otro joven y pide a Jesús de permitirle enterrar a su padre y Jesús le responde: “Sígueme”. Este seguimiento es mucho más importante y urgente que cualquier obligación filial. “Deja a los muertos que entierren a los muertos”. La decisión de seguir a Jesús como discípulo lleva de la muerte a la vida. El que no es discípulo de Jesús, que no ha aceptado su mensaje del reino y de la vida eterna, está en la muerte. El contenido de las propuestas de Jesús significan, pues, que seguirle, exige disponibilidad total, radicalidad de entrega y coherencia.
En las respuestas de Jesús hay un elemento común: quieren afirmar que existen unas prioridades que no son negociables, pues el Reino de Dios ocupa el primer lugar; las agendas personales deben subordinarse a este objetivo prioritario.
Constatamos que la sociedad en la que vivimos está muy lejos de estas palabras de Jesús, ya que la sociedad actualmente establece el primado de la subjetividad, que es la que decide lo que debe hacerse y como debe hacerse. En nuestra sociedad lo más importante es la comodidad de cada uno, sentirse bien, lograr las metas trazadas no importando quién o qué se atraviese en el camino, lograr hacer carrera al precio que sea y todos sabemos las consecuencias de esto: suicidios, depresión, divorcios y locura total. En el proyecto de vida que propone la sociedad actual no hay lugar para los compromisos a largo plazo y se piensa que la fidelidad es algo pasado de moda y que no hace otra cosa que cerrar oportunidades.
El seguimiento de Jesús pide respuestas claras y posiciones definidas; en consecuencia, no se puede ser más o menos honrado, no se puede ser justo pero sólo hasta cierto punto… La fe debe generar unos comportamientos coherentes y debe inspirar todas las acciones del ser humano en lo privado y en lo público, en la intimidad del hogar y en el desempeño profesional, en la iglesia y en el club social.
Esta radicalidad del seguimiento de Jesús, en lugar de limitar nuestras posibilidades como seres humanos, nos hace inmensamente libres. San Pablo expresa bellamente esta idea en su carta a los Gálatas: “Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado (…..) Hermanos, nuestra vocación es la libertad”. En concreto, ¿qué significan estas palabras de San Pablo? Cuando una persona asume con seriedad el seguimiento de Jesús como la prioridad de su vida, se relativizan muchos de los bienes que enloquecen a la mayoría de los seres humanos: el poder, el dinero, el éxito, el sexo. Estos bienes, convertidos en fines, generan dependencia, nos esclavizan pues estamos dispuestos a todo con tal de obtenerlos.
Termino diciendo que, si bien las palabras de Jesús suenan muy duras, el mensaje es muy positivo pues se nos invita a reconocer que Dios debe ocupar el lugar central en nuestras vidas; las demás realidades deberán valorarse tanto cuanto nos ayuden a caminar en esa dirección. El seguimiento de Jesús nos libera de las dependencias malsanas, nos libera de la maldad de este mundo, nos libera de la maldad que proviene de personas, cosas y situaciones. AMEN.


 

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