St. Paul's Within the Walls Episcopal Church

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MEDITACION DEL QUINTO DOMINGO DE PASCUA

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Pablo y Bernabé, dos grandes misioneros de la Iglesia primitiva, dos enviados de Dios para que vayan sembrando por vez primera la semilla del evangelio. Ahora vuelven a los mismos lugares por donde pasaron en su primera misión, confirmando en la fe a todos los bautizados en el nombre de la trinidad… Ser fiel al evangelio, nunca lo fue, nunca lo es, ni lo será. Jamás será fácil creer y vivir según las exigencias últimas de la fe.
Los apóstoles se hacen eco de las palabras del Señor, cuando les decía. Os perseguirán, os calumniarán, tendrán que negarse a sí mismos, habréis de cargar con la cruz de cada día y caminar cuesta arriba.
Hasta un cierto punto, también nosotros podemos dar testimonio de esta realidad, nosotros que vivimos en una sociedad hedonista e indiferente ante Dios, también esto lo pueden testimoniar los miles de cristianos que son acecinados en los países intolerantes.
Tenemos que ser conscientes que para entrar en el Reino de Dios, necesariamente tenemos que seguir la ruta marcada por el caminar de Cristo.
Los primeros discípulos iban pasando la antorcha de mano en mano, iban encendiendo nuevas lámparas, transmitían los poderes que habían recibido tales como: Poder de perdonar los pecados, poder de atar y desatar, poder de consagrar el Cuerpo y la Sangre del Señor, nuevos hombres y mujeres iban asumiendo, con generosidad y con audacia, la misión de continuar alargando la presencia humilde y amorosa de Cristo.
Pablo y Bernabé fueron dos maravillosos testimonios del evangelio de Jesús; los dos tuvieron que sufrir muchísimo para llevar a cabo la misión que el Señor les había encomendado. Ahora, en este texto, les dicen ellos a los otros discípulos y nos lo dicen también a nosotros que no debemos de desanimarnos ante las dificultades y que tenemos que llevar a cabo nuestra misión evangelizadora.
La cruz acompañó a Cristo en su camino hacia el Padre; la cruz seguirá siempre acompañando a los auténticos discípulos de Cristo. El que quiera seguir a Cristo que tome su cruz y le siga, pero que la lleven siempre con amor y por amor, como el mismo Cristo la llevó. Los cristianos tenemos que ponernos al servicio de Dios, al estilo de Cristo, para que Dios por medio de nosotros siga manifestando su amor al mundo. Sabemos que para realizar bien nuestra misión tendremos que sufrir mucho, pero sabemos también que, si aceptamos este sufrimiento con amor cristiano, Dios puede hacer cosas grandes por medio de nosotros.
El Señor llama a su Mandamiento, Nuevo, sí nuevo, porque lo que es viejo como el mundo es el odio, el egoísmo y las guerras.
Lo nuevo es saber apostarlo todo por los demás. Es tener Fe en que: Amando se triunfa. Amando se llega a tener razón. Amando se enseña las lecciones más difíciles.
La utopía del nuevo cielo y tierra nueva, proclamada en las Revelaciones, puede hacerse realidad. No podemos ser cómplices de la injusticia, de la mentira, del dolor de tantos inocentes.
Busquemos siempre la ciudad ideal, que es la ciudad de la vida y no de la muerte.
Busquemos siempre la sociedad perfecta, que es la civilización del amor.
Un mundo en que no nos hagamos sufrir unos a otros, sino que tratemos de ayudarnos unos a otros. El mundo nuevo no supone la destrucción apocalíptica de éste, sino su transformación progresiva. La vida nueva ya está injertada en este mundo viejo. El Reino de Dios ya está dentro de nosotros.
Únicamente así seremos capaces de caminar hacia el cielo nuevo y hacia la tierra nueva descrita por Juan en la segunda lectura. Queremos vivir en un mundo donde Dios pueda vivir entre nosotros, bendiciendo nuestro trabajo y nuestros esfuerzos. Mucha de las veces el mundo en el que vivimos ahora no nos gusta, porque no es un mundo gobernado por el amor de Dios, por un amor redentor, sino gobernado por el egoísmo humano que lleva a la desesperación y muerte, que lleva al sufrimiento de seres inocentes. En este mundo nuestro, en esta tierra nuestra, no puede acampar el Dios liberador.
Por tanto el gran reto está en el ponernos en camino hacia un cielo nuevo y una tierra nueva que sea realmente morada del Dios amor. AMEN.

 

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