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Enero 03-2016 El AMOR el motor que mueve el mundo entero

natale
En este tiempo de gracia entre Navidad y la Epifanía, la Liturgia de la Palabra nos invita a reflexionar sobre el verdadero sentido de la Familia, siguiendo el maravilloso ejemplo de la Santa Familia de Nazaret.

Iniciemos esta reflexión afirmando que: El amor es la base de la familia, el amor en palabras de San Pablo a los Colosenses, es el sello de la unidad familiar. El verdadero amor es el que toma la iniciativa. No espera que el otro dé el primer paso. Toma la iniciativa. Además es comprensivo, disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites. Sabe perdonar porque no busca el propio interés, sino el del otro. Es capaz de decir “¡Perdóname!” y “Te perdono”, porque te quiero.

Es un amor personal: lleva a aceptar al otro como es, sin pretender cambiarlo, ni dominarlo, ni anularlo. Quiere la realización del otro sin esclavitudes. Es como tener al ser querido en un pedestal, buscando en todo momento su bien. Es ser capaz de sacrificarse por el otro, buscando todo aquello que le haga feliz. Es un amor total que pone en juego todo lo que somos, todo nuestro ser.

La persona es cuerpo: los esposos entregan su propio cuerpo para que sea del otro es en esa liturgia inventada por Dios, que es el encuentro sexual. El amor se dirige a toda la persona, no sólo al cuerpo, de tal manera que la misma relación sexual se convierte en la forma privilegiada de amor y entrega al otro.
La persona es corazón. Amar es darse. Cada uno ofrece al otro su cariño para justamente hacer feliz al otro.

La persona es libertad: el sí de los esposos compromete toda la vida. El amor mutuo es el mejor camino para entender y amar a Dios. Es un amor fecundo.

El amor es algo más que un sentimiento. Así lo expresa esta parábola: “Un esposo fue a visitar a un sabio consejero y le dijo que ya no quería a su esposa y que pensaba separarse. El sabio lo escuchó, lo miró a los ojos y solamente le dijo una palabra: “Ámala”. Luego se calló. “Pero es que ya no siento nada por ella”, insistió el esposo. “Ámala”, respondió el sabio. Y ante el desconcierto del esposo, después de un oportuno silencio, el viejo sabio agregó lo siguiente: “Amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es dedicación y entrega. Amar es un verbo que invita a la acción y el fruto de esa acción es el Amor.

El Amor es un ejercicio de jardinería: arranca lo que hace daño, prepara el terreno, siembra, sé paciente, riega y cuida. Debes estar preparado porque habrá plagas, sequías y exceso de lluvias….más no por eso abandones tu jardín. Ama a tu pareja, es decir, acéptala, valórala, respétala, dale afecto y ternura, admírala y compréndela. En una palabra: ¡Ámala!”

En la vida hay que movernos por prioridades. El amor es un tesoro, por tanto una prioridad. Tiene que crecer y hay que cuidarlo No podemos ser ingenuos y pensar que crece sólo. Los esposos deben cuidarlo con:
– Los pequeños detalles de cada día.
– El diálogo para mantener la confianza mutua y la comunicación
– El dedicar cada uno su tiempo al otro
– Hay que evitar todo aquello que pone en peligro al amor y
favorecer lo que le hace crecer.
– Cada día hay que dar gracias, juntos, a Dios por el amor. Dios está en medio del hogar. Es El quien nutre, une y hace posible el amor.

Nazaret es la primera escuela de amor, donde empieza a entenderse la vida de Jesús. El contempló la actitud de sus padres y lo asumió. Hoy día la familia sigue siendo la primera escuela, donde el niño se impregna de los auténticos valores. Los niños son esponjas, que observan e imitan lo que hacen los padres.

La familia, iglesia doméstica, es la primera escuela de educación en la fe, es donde se asume la actitud ante la sociedad y el prójimo.

Cuando faltan experiencias fundamentales de Amor es el conjunto de la sociedad el que sufre la violencia y se vuelve, a su vez, generador de múltiples violencias. El consumismo, el individualismo, la incomunicación, la falta de maduración y de autoentrega son los auténticos enemigos de la familia. Esto hace que muchas personas busquen únicamente su propio bien o interés personal, arrinconando a los ancianos porque estorban, retrasando la llegada de los hijos porque son una carga para “el disfrute de la vida”.

Puede que se paguen las consecuencias de esta actitud egoísta e inmadura. La familia de Nazaret pasó por muchas dificultades económicas y sociales, pero todo lo superó porque estaba cimentada en la roca firme del amor y de la confianza en Dios. No seamos pesimistas, pues sigue triunfando el amor y nadie podrá detener la energía y el calor que irradia un hogar donde se vive de verdad la mutua entrega, por que después de todo es el AMOR el motor que mueve el mundo entero. AMEN!

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