St. Paul's Within the Walls Episcopal Church

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II Domingo de Adviento

II ADVIENTO
Y todos verán la salvación de Dios.

En este tiempo de gracia, nuestra tarea es preparar los caminos del Señor: “que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale”.
Cabe preguntarnos ¿Cuál nuestra colina? Quizá sea nuestro orgullo y nuestra autosuficiencia.
El gran pecado, hoy en día es querer prescindir de Dios y creernos todopoderosos, capaces de hacer todo sin Dios.
Dios quiere que eliminemos los baches y las curvas que nos desvían de la senda verdadera.
La invitación que el Señor nos hace en este segundo domingo de adviento es a abrir nuestros corazones a su palabra y que nos levantemos y reconozcamos los dones que Dios nos ha dado para ponerlos a disposición de nuestra comunidad y de la humanidad entera.
Quien con humildad reconoce que necesita del Señor y endereza sus pasos torcidos, quien se convierte de su mala conducta, quien abandona el camino del mal y de la mentira para recorrer el sendero del bien que conduce a la verdadera Vida, ese es digno de llamarse cristiano.
El profeta exulta de gozo y grita con fuerte voz: “Jerusalén, envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria, porque Dios mostrará su esplendor a cuantos viven según su ley…”.
Conocer el infinito amor y la gran misericordia de Dios nos llevará a amarle sinceramente con una entrega total a sus planes de salvación.
Recordemos que estamos en Adviento, por tanto como dice nuestro patrón San Pablo: Revistámonos de la armadura de Dios y esperemos su llegada como quien se esfuerza por tenerlo todo a punto para cuando llegue el Señor.
Dios viene a nacer entre nosotros, y viene a salvar a su pueblo, como lo hizo con nuestros antepasados: Dios nos pide revisar nuestras vidas, nos pide corregir nuestros comportamientos, enderezar todo camino torcido para que nosotros, su pueblo electo camine con seguridad y sin tropiezos guiados por el Señor que viene a liberarnos de todas nuestras esclavitudes.
Celebrar la Navidad es celebrar la Buena Noticia de Dios que cumple sus promesas en Jesús hecho niño, hecho uno de nosotros para nuestra salvación.
Por tanto, preparar el camino del Señor, abrir vuestros corazones al Señor y todos verán la gloria y salvación de Dios.
El Evangelio de hoy se presta a mil aplicaciones personales, sociales, políticas, eclesiales: Mientras esperas la venida de tu Señor.
Pregúntate: ¿qué es lo que tienes que preparar, allanar y poner en la recta vía en tu vida, en tu trabajo, en tu familia, con tus vecinos, en tu grupo, en tu comunidad…?
Piénsalo, a nadie se nos hace ajena la llamada de Juan el Bautista. La Palabra se encarna en la historia de la humanidad y se hace vida para las personas que son capaces de escucharla y recibirla, como Juan el Bautista o como tú y yo ahora mismo.
El escuchar y recibir su palabra en nuestros corazones es la tarea necesaria para hacer visible esa salvación que Dios viene a traer representada en ese niño “envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.
Jesús nace en nuestros corazones para que tú y yo podamos renacer también. Jesús nace y renace también en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia, necesitadas ambas de “allanar senderos”.
A nosotros nos viene esta Palabra hoy, en una época de “desierto espiritual”, de crisis de valores, de falta de fe, y con la misma urgencia de ser anunciada.
Hoy todos somos Juan y estamos llamados a anunciar, con nuestro testimonio de vida, la presencia entre nosotros de esa Palabra que es salvadora. Y también a desvelar los signos de la presencia de un Dios que nos toma y nos lleva de la mano, y más aún cuando las cosas se ponen difíciles, como ahora.
El adviento es el tiempo de la esperanza. El adviento es una llamada a seguir construyendo el Reino de Dios en nuestros ambientes, ahí donde nos movemos y existimos, luchando con ahínco, proponiendo iniciativas, siendo levadura en la masa, sal y luz para todos los que nos rodean.
La Navidad está cerca, nos lo recuerda la liturgia, nos lo dicen las hermosas luces y villancicos.
Nuestros corazones y nuestras vidas tienen que estar bien preparadas para celebrar y vivir la navidad con toda intensidad.
En cada Eucaristía Dios se hace pan, para alimentar nuestra fe y nuestra esperanza y poder descubrirle en cada instante de nuestra existencia. Allanemos los senderos, extirpemos de nuestra vida lo que no va, para poder recibir nuestro Redentor con gran fe y con inmensa alegría. AMEN.

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