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“TODA ESTA SANGRE A NOMBRE DE QUIEN?”

paris
“TODA ESTA SANGRE A NOMBRE DE QUIEN?”
Es la escrita en una vitrina, con sangre de una de las victimas de la masacre de Paris. “a nombre de quién?”
Les invito a dar una lectura de esta meditación desde el punto de vista profético-apocalíptico.
Nos encontramos ya a las puertas de un nuevo año litúrgico y hasta cierto punto, la liturgia de la palabra hacce bien, presentándonos temas, que nos lleven a refleccionar sobre lo que hemos hecho en el año liturgico que estamos terminando.
Una manera justa de meditar en lo que hemos sido, en lo que somos y en lo que seremos es presentandonos temas apocalipticos.
Pero, antes que nada: ¿Qué es esa visión apocalíptica?, o por lo menos: ¿Cuál es el elemento central en ella?.
Tengamos en cuenta que la apocalíptica fue un movimiento social y teológico que como tal buscó responder a determinadas situaciones sociales y existenciales.
Una de estas situaciones fue la caída de las instituciones sociales, religiosas y políticas como aglutinantes y dadoras de sentido. El movimiento apocalíptico tuvo sus raíces y sus momentos de mayor densidad de producción escrita en momentos históricos en los cuales las instituciones establecidas atravesaban situaciones de pérdida de confianza, o bien directamente, se estaban disolviendo. En ese marco las esperanzas y los proyectos que habían generado esas instituciones caen en la duda o bien tienden a desaparecer.
Ante esto, la apocalíptica tiene dos puntos centrales: en primer lugar cuestiona la efectividad o la necesidad de sostener a cualquier costo estas instituciones. En segundo lugar busca otras promesas nuevas, otros caminos, otros proyectos.
Por estas razones, entonces, es notable que el discurso apocalíptico de Jesús sea generado ante la exclamación de asombro de uno de sus discípulos frente al templo. El discípulo se ve fascinado (y en esto propongo tener en cuenta los diferentes significados de la palabra “fascinado”: tanto en lo que se refiere a alguien que se admira como también alguien que es casi hipnotizado), y ese deslumbramiento es lo que motiva la reacción de Jesús. Aquí Jesús se adhiere a la narrativa apocalíptica que ve en la fascinación del ser humano hacia los sistemas, hacia las instituciones, uno de los problemas que origina la opresión hacia ese mismo ser humano fascinado. El discípulo fascinado por la majestuosidad del templo es uno más de todos aquellos que se veían fascinados y sostenidos en esa fascinación. No tiene nombre y en esa ausencia de especificación se puede adivinar una generalización de todos aquellos que se vieron encantados por una institución como el templo.
La respuesta de Jesús se dirige ahora a replantear esa “maravilla” y lo primero que hace es recordar que de esa majestuosidad no quedará piedra sobre piedra.
Si pudiéramos sintetizar en este camino de pensamiento diríamos que ante la caída de las piedras maravillosas que sostienen una institución como el templo pareciera que se cae el mundo entero.
El discurso apocalíptico de Jesús se desarrollará entre esta sensación de caída, catástrofe y fin por un lado y por el otro una firme advertencia a no creer en las apariciones oportunistas en medio de este caos.
Si en un momento la humanidad, al igual que ese discípulo anónimo, exclamaba: “¡mira qué piedras y qué edificios!”, hoy la misma humanidad ve un mundo volátil, cambiante y en una búsqueda de nuevos amarres.
Ante esta situación no es extraño ver surgir “Cristos” que proponen soluciones. Pareciera ser que este discurso apocalíptico está más que nunca vigente en estos tiempos: “no se dejen engañar…” aunque se esté cayendo, aunque lo único que se anuncie sean guerras y catástrofes, “estén atentos, atentas”.
Teniendo en cuenta esto, el estar atentos y atentas es un llamado a poder reconocer otras alternativas que lentamente, silenciosamente, se van gestando en medio de nuestros pueblos. Tal vez no sean tan impresionantes, o tan fascinantes, pero llevan en sí el valor de la construcción comunitaria, del aprendizaje y de la búsqueda de un mundo de paz y de justicia.
¿Está la Iglesia preparando el camino para la manifestación de Dios?
Así como Juan el Bautizador preparó el camino para la manifestación de Dios en la persona de Cristo, la Iglesia está llamada a preparar el camino para que Dios se manifieste hoy.
Hoy en día también vivimos en una época de conflictos y catástrofes. Parece que hay guerras por doquier, criminales que en nombre de un dios se hacen saltar y asecinan jente inocente.
El planeta está amenazado por una catástrofe de valores fundamentales, catástrofes económicas, sociales y políticas y por qué no decir también catástrofe ecológica. Parece ser que la avaricia y la ignorancia ser han aliado en el criminal y diabólico proyecto de destruir la creación misma. Hay además quienes promueven la violencia de naciones contra naciones, y de culturas contra culturas.
A lo largo de nuestra vidas, todos y cada uno de nosotros podemos experimentar momentos o circunsatancias en las cuales todo termina. Pero hoy nuestro Señor nos dice que lo importante es permanecer fieles al Señor.
El mensaje que Jesús en el Monte de los Olivos da a sus discípulos y a todos nosotros es que: a pesar de todos los problemas, conflictos y catástrofes de la vida, debemos y tenemos que mantenernos fieles a la misión del reino de Dios. Hay que permanecer fieles a la visión de un reino de justicia y generosidad y no dejar de confiar en las promesas de Dios.
Prestemos oido al mensaje de la palabra de hoy, la cual es un llamado, es una invitación a permanecer fieles a la promesa de Dios y continuar en la gran misión de Jesús. No podremos encontrar a Dios en la destrucción, sino en la construcción de un mundo donde realmente reine la paz y la justicia.
Todos juntos, trabajando con ahínco por construir la civilización del amor. AMEN.


 

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