St. Paul's Within the Walls Episcopal Church

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Bearing witness in Rome to a dynamic and living Christian faith, open to all and rejecting none.

Sermon del domingo 20 de Septiembre del 2015

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Existen muchas reflexiones sobre el evangelio aplicado a las diversas situaciones por las que atraviesan las scoiedades hoy en día. Muchas de las veces nos encontramos empeñados en cambiar los sistemas políticos y económicos de nuestra sociedad, pero que lo que Jesús proponía era que lo que cambiasen fuesen las personas, para que, precisamente, pudieran cambiar los sistemas sociales.
Y es verdad. Yo no sé si ustedes persiven esta realidad, pero yo cada día percibo el evangelio más actual, más como respuesta a la sociedad de hoy. Creo que los errores que estamos cometiendo no son nuevos, ya los hicieron nuestros antepasados, y la Palabra de Dios, entonces y ahora, es respuesta liberadora y transformadora, si nos dejamos empapar por ella.
Hoy mismo, Jesús va instruyendo a sus discípulos y les habla de la entrega y del servicio como actitudes importantes para la vida, y que Él mismo va a poner en práctica con su muerte y resurrección. El apóstol Santiago nos dice que la fe se ha de expresar en un comportamiento ético con las personas que nos rodean, en un estilo de vida, concreto y específico, que nos muestra el evangelio, y que afecta a todas las dimensiones de nuestra vida.
El libro de la Sabiduría, nos recuerda que todo esto lo hemos de vivir en medio de una sociedad que, en ocasiones, no lo recibirá bien, para la que esta manera de vivir les resultará incómoda, molesta.
Una sociedad que vemos que se basa en actitudes contrarias al evangelio, como “ganar como sea”, “enriquecerse como sea”, y “sálvese quien pueda”. Y las actitudes del evangelio (la entrega y el servicio, y tantas otras) van a chocar y van a provocar conflicto.
En medio de todo esto, hay unos discípulos que siguen a Jesús (y que trasladado a hoy podemos ser nosotros), que “no entendían aquello y les daba miedo preguntarle”, es más, no solo no entendían, sino que estaban discutiendo sobre cosas totalmente opuestas a lo que Jesús les estaba planteando, peleándose por ver quién de ellos era el más importante.
A veces podemos pensar que el evangelio es solo para leerlo en misa, o en mi casa (si tengo costumbre), pero no nos atrevemos a sacarlo a la calle. Nos dejamos llevar por esos que dicen que la fe es para cada uno, para vivirla en la intimidad. Y el evangelio no hace más que darnos “empujones” hacia la vida, hacia nuestras relaciones con los demás, hacia un compromiso social y público. Quizás es que nosotros tampoco entendemos el evangelio y nos da miedo preguntarle si tiene alguna respuesta para la situación social y económica que estamos viviendo, no sea que la respuesta nos implique y nos complique, y tengamos que cambiar nuestra acomodada vida, para transformar un sistema social que va “cuesta abajo y sin frenos”.
Nos podemos imajinar a un presidente de gobierno o a un director de banco que reúna a los suyos y ponga a un niño en medio diciendo que los pequeños han de ser el modelo de comportamiento por la sencillez, la humildad y el servicio? Lo que la realidad nos muestra es que, en ocasiones, los niños, los pequeños, los débiles, los pobres, son las víctimas inocentes que pagan “los platos rotos” de los demás. ¿No piensas que sería mejor actuar conforme a los valores que Jesús nos propone en el evangelio? Claro que si, seguro que lo pensamos todos. Pero eso es un compromiso muy grande.
Porque la entrega y el servicio son una actitud de cada día que hay que llevar a nuestras relaciones familiares, laborales, de amistad, entre vecinos, incluso con los que no piensan como nosotros. Implica no ignorar lo que ocurre a nuestro alrededor, tratar a los demás con dignidad, como personas que son, hacer más agradable la convivencia entre los que nos rodean, participar en actividades sociales, atender a los más necesitados. Implica tiempo y dinero, como todo lo que merece la pena en esta vida. Se trata, en definitiva, de que nuestra vida sea transparencia de la fe que confesamos.
En la Eucaristía, Jesús nos instruye con su Palabra, como discípulos suyos que somos, y se nos da como alimento para que podamos llevarla a la vida. De nosotros depende que acojamos su Palabra o hagamos caso omiso, y sigamos peleándonos por ser los más importantes. Si acogemos la propuesta de vida que nos hace el evangelio, ya sabemos que la tarea no es fácil, pero como discípulos que somos, como Iglesia de Jesús, nos pondremos a la escucha y detrás de sus huellas para seguir aprendiendo su enseñanza. Seguramente nos llevará toda una vida. Pero seguramente será una vida mejor para nosotros y para los que nos rodean.
Ser el último y servir con desinterés y generosidad. Ese es el camino para entrar en el Reino, para ser de los primeros. En el Reino de Dios se invertirá el orden de aquí abajo: Los primeros serán los últimos y éstos los primeros. Los que brillaron y figuraron en este mundo, pueden quedar sepultados para siempre en las más profundas sombras. Y quienes pasaron desapercibidos pueden brillar, siempre, radiantes de gozo, ante el trono de Dios.
Amén!


 

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