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ABRIL 05 – DOMINGO DE PASCUA

resurre
Hoy los cristianos nos vestimos de fiesta, porque Jesús venció la muerte, venció el pecado, venció el mal. Toda la historia de salvación tiene su fundamento, su culmen y su manifestación más plena en la resurrección de Jesús.
El sepulcro está vacío. Las mujeres no encuentran el cuerpo de Jesús dentro de la tumba, y los discípulos tampoco. Ahora toca dar testimonio de la presencia viva de Dios entre nosotros. Ellos y nosotros somos testigos del sepulcro vacío por ende testigos del resucitado.
Para buscar a Dios en la vida y dar testimonio de Él, Jesús nos enseña, Jesús nos muestra el camino: la Sacra Escritura, precisamente el Santo Evangelio que hoy hemos escuchado, nos dice: “Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”.
Queridos Hermanos y hermanas, Galilea, allí donde lo veremos a Jesús, no es más que nuestra vida de cada día, es nuestra familia, nuestros trabajos, la universidad, la escuela, nuestros quehaceres diarios con todos sus problemas y dificultades.
Entre ellos anda el Señor resucitado, allí podemos encontrarnos con Él. Allí es donde Él nos llama a ser sus testigos, así como Jesús lo hizo, con su estilo de vida, por tanto se trata de vivir como Él vivió.
En pocos instantes aquí, todos nosotros vamos a renovar nuestras promesas bautismales, vamos a renovar nuestro compromiso con Dios y lo aremos juntos, como comunidad, como Iglesia.
Hoy recibiremos en nuestra comunidad a Violet y ella por medio de este Santo Sacramento se transformará en un miembro más del cuerpo de Cristo, fiesta muy especial e importante para toda la Iglesia.
Violet, recibirá el Bautismo y así se convertirá, como lo somos nosotros, en testigos de un Dios que ama la vida y que ha resucitado a su hijo Jesús para que todos tengamos Vida en abundancia, para vivamos para siempre, para que todos tengamos vida eterna y así poder gritar con fuerza:
No he de morir! viviré para contar las hazañas del Señor, viviré para proclamar las grandezas del Señor, para contar las maravillas del Señor.
Así lo dijo el salmista hace ya muchísimos siglos, también hoy nosotros lo repetimos. No he de morir porque así como nuestro Padre Dios resucitó a su hijo Jesús a mí también me resucitará para proclamar las grandezas que ha hecho, hace y hará por mí.
Demos testimonio de nuestra experiencia de fe en Jesucristo resucitado. Así lo hizo Magdalena, lo hizo Pedro y Juan, así lo hicieron los primeros discípulos y así lo han hecho millones de hombre y mujeres a lo largo de la historia de la humanidad.
Ellos: vieron, creyeron y testimoniaron que Cristo vive. Demostremos con nuestra vida de todos los días que también nosotros hemos sido testimonios de la resurrección de Cristo.
Por el Bautismo hemos quedado injertados en la muerte y resurrección de Cristo. La fuerza y gracia de este maravilloso acontecer en la existencia de los cristianos puede y debe traducirse de múltiples maneras en la vida cotidiana.
Resucitar es tarea y meta de cada día. Nuestra peregrinación por el mundo es conquistar en cada momento el estado de “resucitados” cumpliendo en todo momento la voluntad de Dios.
¡Feliz Pascua de Resurrección! Estamos ya en el esplendor del gran Día de la Resurrección de Cristo. ¡Cristo ha resucitado, Aleluya Aleluya.
A pesar de la situación de pecado y muerte que existen en el mundo, hoy la Iglesia unida a su Señor proclama dichosa el gran misterio del regresó de Jesús a la vida, pero ahora a una vida indestructible a una vida absolutamente gozosa. Dejémonos inundar por la gracia de este hecho que nos llena de esperanza.
La Resurrección de Jesús es la celebración cumbre y central de todo el Año Litúrgico que se renueva cada domingo. Es la verdad central, es la raíz y fundamento de nuestra fe. Es el momento más sublime de la vida de Jesucristo y del plan de Dios Padre para salvar a los hombres y mujeres muertos por el pecado.
Celebremos la Pascua con levadura nueva. Hemos recibido la semilla y el comienzo de una vida totalmente nueva para todos los que creemos en Él, incorporados a la Iglesia que vive de esta luz vivificante de su Resurrección. Cristo resucitó de entre los muertos y es el primero de todos los que por la fe habremos de resucitar con Él.
Creer en el resucitado significa morir cada día al mal y al pecado. Creer en el resucitado es morir a la vida de mediocridad, es morir a todas las cosas que nos alejan del amor de Dios.
Creer en Cristo resucitado es resucitar con El cada día, cada hora, cada minuto de nuestra existencia a una vida nueva, a una viada de luz, a una vida de plenitud, donde el día no tiene ocaso. Amén.


 

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